Sebastián
y Su Violín.
En cierta ciudad, vivía con su hermosa familia
Sebastián, un niño que contaba con solo diez años y amaba ir los sábados por la
tarde a las clases del profesor
Edelmiro, un hombre de un corazón puro y muy generoso.
Desde los cinco añitos que le daban clases de violín,
sin que Sebastián le pagara, porque conocía su amor por la música.
Además de Sebastián, concurrían a las clases otros
jovencitos, entre ellos estaba Anselmo, el cual se encargaba de esperar a Sebastián
en el camino todos los sábados para molestarlo y reírse delante de otros niños
que le arrojaban papeles burlándose del estuche del viejo violín.
El niño cansado de esto una tarde se sentó en la
puerta de su casa a llorar. Sí, a donde
nadie lo podía ver. Era justo un sábado. El día más agotador porque él hacía su
tarea, en la semana iba a la escuela, los sábados al regresar de las clases de
violín, iba la iglesia a aprender sobre cómo era Jesús, amaba al maestro
Estanislao y a su esposa Nilda, además eso lo fortalecía para continuar con la
semana. En realidad era un niño que le gustaba agradar a Jesús en todo.
Esa tarde llegó su abuelo Julián y le preguntó. — ¿Qué te ocurre Sebastián? ¿Por qué lloras de
ese modo.— Abu estoy cansado porque cuando voy a las clases de violín a la casa
de don Edelmiro me espera en el camino Anselmo y otros chicos y se burlan de
mi.
Me insultan, muchas veces me han querido empujar y
yo no he caído al piso porque Dios me cuidó; pero tengo miedo abu, porque
pueden romper mi violín, ¡Ahí si que pierdo todo. .! — Vamos a ver Sebastián.
Tú sabes que no es la única manera de llegar a la casa del profesor. Toma por el camino que bordea el
arroyo, aunque es angosto y hay muchas espinas, aunque queda un poquito más
lejos. . —No abu yo tengo miedo, allí suele haber gente pescando y lo he
intentado pero hay un hombre muy huraño, que
Me miraba mal y me preguntó con voz áspera. — ¿Niño
no sabés que todas estas tierras son mías? Y me dijo que si volvía no me dejaría
pasar. . — Espera, espera Sebastián. Cuéntame ¿Es un anciano desalineado que
vive en una casita muy humilde?—Si, abu , ¿ Tú lo conoces?— Claro, es don
Rafael , el no miente hijo hace años que le sacaron sus tierras por cuestiones
que él conoce, pero abandonó la lucha injusta y las perdió, y se quedó allí
,pero pídele permiso y le das mi saludos , si lo ves. Además hijo nunca olvides
lo que dice el Salmo 121: “El Señor te
estará vigilando cuando salgas y cuando regreses, desde ahora y para siempre.”.
— Sebastián secó sus lagrimas tomo su violín y salió más temprano que de
costumbre.
Cuando iba llegando a la casita, aunque sentía miedo
recordaba otras promesas de Jesús y con fuerzas golpeo las manos en la casita
de don Rafael, que salió al instante con un mate en su mano. . — ¿Qué se le
ofrece niño?— Do, do, don Rafael yo quería pedirle permiso para pasar por aquí
porque yo voy a tomar clases de violín con
el profesor Edelmiro y por el otro camino hay unos niños que me pelean y
quieren romper mi violín, se ríen de mi estuche porque es viejo. — Viejo, dijo
don Rafael con tristeza, a mi también me dicen viejo, esos… niños haraganes. A ver muéstrame tu violín. — Si, aquí está mire
es hermoso, el estuche esta gastado, pero el violín es nuevo; yo no le digo
esto a nadie porque ¿Sabe el mismo Jesús Dijo: “ Sed mansos como paloma y
astuto como serpiente”. Si digo eso me lo hubieran roto ya. — Bueno y ¿quién es
tu familia? .Perdón, con la conversación me olvidé de darle el saludo de mi abu
Julián Navarrete. .-¿Eres nieto de Julián Navarrete.—si, no se enoja si me voy
ahora porque se me hace tarde para la clase. . —ve, ve, tranquilo y saluda a tu
abu de mi parte, estudia mucho y cualquier cosa que necesites vienes corriendo.
.- Cuando Sebastián, se marchó don Rafael quedó
impresionado de la conducta del niño.
Y pensaba cuando él tenía los recreos a la orilla
del río y jugaba con los niños y su esposa Ada aún vivía. — Estudia niño,
estudia, lucha, no abandones. — decía para sus adentro ¡Si yo pudiera creer en
Jesús! Aunque con esta ropa en la iglesia no
me dejarían entrar.
Pasado un tiempo, ese camino espinoso, angosto fue
la ruta más tranquila para Sebastián,
que avanzaba cada vez más en sus clases. Don Rafael muchas veces lo oía tocar el violín y le pedía temas clásicos como El Pastor Solitario, Primavera de Vivaldi, y otros. Juntos.
Sebastián y don Rafael sentados a la
orilla del río donde la brisa llevaba la música por todo el lugar. Sebastián, tocaba para don Rafael como si
tocara para todo un auditorio, en el mejor teatro del mundo. Sebastián era un
niño que sentía amor y agradecimiento
por ese anciano solitario y con melodías, le traía a su memoria la época en que
el bailaba con su esposa Ada ¡Que tanto le había brindado en la vida! Rafael sentía lo mismo
por el niño. Una mañana, don Rafael salió con la mejor ropa que tenía y fue a
comprar una caja para el violín de Sebastián. Y así lo hizo.
Llego una noche en que Sebastián tenía que hacer un
concierto de himnos clásicos evangélicos; pero miraba la funda de su violín
gastada y pensaba. — Mañana hablaré con el profesor Edelmiro y le pediré una
funda por una noche. Porque ya que es un evento especial para evangelizar y mi
pastor es tan bueno y siempre me ha enseñado a brindarle a Dios lo mejor, yo
quiero hacerlo.
A la mañana pasó por la casa de Don Rafael y le
comentó que daría un concierto y que iba para la casa de Don Edelmiro a pedirle
la funda nueva prestada para el violín.— Don Rafael con manos temblorosas y
lagrimas en sus ojos tomo las manos del niño y le dijo .— ¿Y tú vas a pedir
prestado? A caso no dice la biblia que al que cumple con sus mandamientos nunca
pedirá prestado. — ¡Don Rafael usted lee la biblia!— Bueno, antes la leía y
sabes también cantaba muchos himnos, mira cantemos este tu lo debes saber
acompáñame con tu violín. Así cantaron juntos Cuan Grande Es Él..— Parecía que
toda la vida hubieran sido un dúo.—continuó Rafael .—Pero me fui alejando de la
Iglesia por el reuma, y porque yo estaba enojado con Dios por culpa de los que
me robaron mis tierras ¿Sabés lo que trabajé en esta tierra que Dios me había
dado? Y me las quitaron, entonces me enoje con Dios y después mi Ada amada partió
con él por disgusto de las tierras, y me quedé solo, sin hijos…En fin niño, la
cuestión es que por las noches la leo y hasta oro.— Me hace feliz , saber que
habla con Dios. — Pero ahora quiero ir a la casa del profesor Edelmiro.
—Espera, espera muchacho, ahora vengo ..—Y cruzó la cortina de arpillera de la
casita humilde y volvió con una sonrisa y los brazos detrás del cuerpo. —No, No
mires. Cierra los ojos. —El niño comenzó a sentir que se le hacía tarde, pero
lo disimulaba. — ¡Abre tus ojos , niño!— Y puso en las manos la funda nueva de
madera y al abrirla estaba forrada de felpa roja.— ¡ Qué hermosa es don
Rafael!— Es tuya, niño. —Para Sebastián era un sueño! Reía, y lloraba abrazado
a don Rafael. . — Don Rafael, yo lo
invito al concierto en la Iglesia es esta noche a las veinte horas. —No, hijo,
yo no tengo ropa para presentarme en la Iglesia, yo se que Jesús no mira eso;
pero la gente lamentablemente si, tu anda tranquilo y yo estaré feliz. —
¡Gracias don Rafael!— gracias a Dios que te ha ayudado y yo fui ese
instrumento, tú hazlo para la gloria de Dios, nunca busques la tuya. —
Sebastián, pensativo, venía de regreso y se encontró con el maestro Estanislao
y su esposa Nilda, excelente costurera, y le contó todo lo vivido y juntos le
dijeron a Sebastián. — Sebastián ¿ Qué te parce si le regalamos un traje?—¿Nuevo?—
¿La funda que tenías antes como estaba?.— Gastada. — Y vos como te
sentías?—Mal.—Sebastían , el Señor dice en su palabra haz con los demás como
quieres que hagan contigo. Conozco hace muchos años a Rafael y como estoy
encargado de llevar las invitaciones, haré dos cosas, tengo un traje nuevo y se
lo llevaré a Rafael, Tu ora porque hace mucho que por mi trabajo no puedo llegar, pero iré y de
parte tuya le entregará el paquete con el traje, sin avergonzarlo. Y oremos que
él Señor hará el resto.
. — Estanislao partió con las invitaciones y pasó
por la casa de Rafael y le dijo que Sebastián, el nieto de Julián Navarrete le
mandaba el paquete, Rafael preguntó. —Te tengo que dar algo, No, solo te quiero
dar esta invitación para el concierto que dará Sebastián. — No, Estanislao,
gracias.
Llegó la noche y todo estaba en orden, cada uno en
su lugar, Sebastián subió al pulpito con todos los jóvenes después de haber
saludado en la puerta a todos los que llegaron temprano y cuando el pastor Félix y su esposa María le
dieron la bienvenida a todos , Sebastián miraba a todos lados buscando a Don
Rafael.
Comenzó con el grupo la adoración tocando el Aleluya
de Häendel y Sebastián continuó con un solo de violín tocando el himno
Consagrarme Todo Entero. En ese mismo instante entra don Rafael y se sienta en
la última fila para que nadie lo vea; pero Félix se acercó y lo abrazó y ambos
lloraron.
Sebastián comenzó a tocar Tierra De Palestina, y un silencio reinaba en la Iglesia que
escuchaba ese himno tan amado como olvidado. Después de la breve predicación
muchos se reconciliaron con Dios.
Realmente una reunión hermosa. El niño bajó del púlpito corriendo y con todo respeto le pidió al pastor si podía llamar como
invitado especial a Don Rafael para que deleitara al Señor con un himno, Félix
que amaba a Rafael, como a esa ovejita que había vuelto al redil, le dijo que
si, Sebastián habló con Rafael, que lleno del Espíritu Santo, no se negó a
adorar a Dios. . —Sebastían me acompañas con el himno Yo Me Rindo A Él. —Sí,
Don Rafael. Con mucha paz Rafael comenzó a cantar y toda la congregación se
unió a ese himno. Terminada la reunión todos volvieron a sus casas.
Desde esa noche Don Rafael asistía a la iglesia y
cantaba en el coro.
Dijo Jesús: “Si puedes creer, al que cree todo es posible” Marcos 9:23.
Autora: Mirta Barolo
Derechos Reservados.