martes, 3 de diciembre de 2013

LULIANA, LA SILENCIOSA

Liliana, La Silenciosa.
En la escuela a donde asistía a estudiar el profesorado de letras, todo era bullicio. Todos en esa pueril adolescencia nos sentimos, genios, los dueños de la verdad, y en muchas ocasiones herimos con actitudes negativas a personas de la cuales ignoramos las virtudes o talentos que Dios en su amor puso en los que nos rodean.
Esta fue el caso de mi querida ex compañera Liliana, la silenciosa. La recuerdo como si fuera hoy  aunque ya  han pasado treinta y tanto años.
Liliana llegaba al aula con una conducta sumisa, solo sonreía, hacía en ocasiones muy esporádicas un comentario a los profesores que tampoco reparaban mucho en ella. Yo me vinculaba con mis compañeros más locuaces, los que me podían hacer favores, reír. Así estaba Alejo Huidobro el más grande en edad, y mayor experiencia en letras porque ya era periodista. Para mí era el que me daba clases de gramática y otros que eran  con los que nos reuníamos a estudiar en la Ochava.
Liliana, la Silenciosa, por el contrario, ella llegaba y se ponía a estudiar en un rincón, parecía muda.
Pasado un tiempo en el colegio se realizó un gran evento como lo es la entronización de la bandera de Ceremonias, que unas personas donaron.  La profesora que organizó todo nos comprometió a todos los alumnos, ya que a  dicha ceremonia deben asistir todos los colegios de la zona y un sacerdote para bendecir la bandera. Todos colaboraron y estaba invitada la banda de un regimiento para tocar el himno nacional, Aurora. La profesora invitó el coro polifónico de la ciudad. Así llego la maravillosa noche de un noviembre muy cálido. El colegio estaba lleno de personas, todos muy emocionados al ver como la abanderada y escolta pasaban  entre dos filas con la bandera de Ceremonias, mientras  las banderas eran levantadas al compás del tema Avenida De Las Camelias.
Para sorpresa de todos entró el coro polifónico de la cuidad y desde un rincón comenzaron a cantar y la soprano era Liliana, la silenciosa, de la que nunca dejaré de recordar esa maravillosa voz que hizo derramar lágrimas de emoción a todos, que no cesaban de aplaudir. Cuando todo hubo terminado me acerqué y con gran dulzura y humildad Liliana me contó que hacía años integraba ese coro.
Recuerdo que me sonrió y me dio las gracias por  mis justificados elogios y reconocimiento. Liliana, la silenciosa, esa noche fue entrevistada por todos los profesores, alumnos y las personas que donaron la bandera.
Paso ese día y Liliana, la silenciosa, siguió como siempre con su buena conducta, y su amabilidad para todos nosotros.
















Dios la este bendiciendo a donde se encuentre.

Mirta Barolo de Acuña.

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