Leonel, Un Joven Noble
. –Una tarde de un frío invierno de Agosto, Leonel, un joven de diecisiete años, salía de
su casa para ir a una reunión, donde los esperaban sus amigos para compartir,
una película y un paseo por el Shopping.
Leonel vivía con sus padres, los cuales eran
pastores. Tenía un hermano el cual
también era muy dispuesto y amante del trabajo de la casa, de la
escuela, de sus perritos y de la Iglesia, ambos eran obedientes.
Esa tarde Leonel salía de su casa para ir a una
reunión, con sus zapatillas impecables, su abrigo. Al llegar a la esquina
escucho una voz muy temblorosa y dirigió su mirada a la vereda de enfrente y
parada en un árbol halló a una ancianita de casi ochenta años la cual decía: —
El buey, el buey. – Y por momentos lloraba, iba desabrigada, con un pequeño
bolsito y un bastón. Su cabeza era un capullo de blancas canas y peinada con
una trenza larga. Ella se aferraba a su bolsito. — Leonel era tan generoso y
noble que al verla le pregunto. — ¿Señora, por qué llora?— Ah mijo yo no te
escucho, háblame fuerte. — A Leonel le costaba hablar fuerte; pero lo hizo.
—Abuela ¿Por qué llora? ¿Está pedida?— si mijo, salí temprano y me perdí. — Leonel además de noble y compasivo amaba a
los ancianos. Con temor le ofreció ayudarla. — Abuela, hace frío ¿ha comido
algo?. —Sí, me compre unas tortas fritas. Pero estoy asustada porque la hora
pasa y no puedo llegar a mi casa.
. —Abuela, ¿no tiene miedo de venir conmigo a mi
casa?, están mis padres y ellos la van a ayudar. Es cerca, solo uno metros. —
Si, muchacho, vamos . . — Al llegar a la casa estaban los padres de Leonel por salir a hacer una
diligencia, Leonel les presentó a la abuela y les dijo que la encontró perdida
y como el templo estaba a escasos metros, la llevaron y la abrigaron con un
hermoso tapado del ropero de la Iglesia.
Con mucho cuidado el pastor le preguntó si tenía
algún documento donde figuraba la dirección, la abuela insistía con la frase el
buey, el buey..— Papá desde que la vi dice esa frase. — ¿Cómo se
llama?—pregunto Laura, madre de Leonel. —Clara Ester, me llamo Clara Ester, no
recuerdo bien donde vivo. —Laura tomó el documento y era verdad y figuraba la
dirección. Abuela usted vive cerca de aquí, Leonel la acompañará, nosotros
tenemos una diligencia que hacer porque es urgente. Oraremos para que no se
haga la noche porque por más que querremos llevarla, esa calle es de barro y no
podemos entrar. : — Bueno está bien señora y gracias.
Leonel caminaba junto a la anciana que se detenía a
cada rato para descansar, y arreglar la hermosa trenza ceniza y así se fueron
acercando a la entrada de la calle rodeada de pinos, y el barro de la noche
anterior hacía más difícil la tarea,
Leonel era un joven noble, paciente. En un momento miró sus zapatillas
impecables que tenían que andar en el barro para llevar a la anciana a la casa.
Dios es muy justo, sabio con aquellos que son misericordiosos y Leonel oraba
todo el camino para realizar esa tarea que Dios le había dado ese día.
De pronto la anciana comenzó a gritar. — ¡Jorge,
Jorge, ¡ mijo pará ¡.— Una camioneta antigua
que llevaba la inscripción en el frente y a los costado que decía Mudanzas El Buey. . — Ahora la entiendo
abuela, no grite yo le haré señas. — Tomando
a la abuela de la manos se quitó la campara y comenzó a levantarla. — La
anciana gritaba¡Pará Jorge, seguro que estás borracho! Mijo, pará!— Leonel
llamó al hombre que detuvo la camioneta y se bajó corriendo y tomó a su madre y
la abrazó. — Viejita, te salí a buscar, hoy tuve mucho trabajo!—Mucho trabajo,
mucho trabajo a mi no me mentís vos has estado tomando vino. . — Mamita, suba,
tranquila, ya pasó. ¿Y vos quien sos pibe?—Leonel con su amor le contó como
había ocurrido todo. Jorge lo miró con esa mirada perdida por el alcohol. — y
le dijo ¿No le habrás abierto la cartera porque ella cobro la jubilación?—No,
Señor, revise usted la cartera de su madre. — Jorge así lo hizo y en una
bolsita de plástico Clara Ester le mostró el dinero que Jorge lo contó al
instante. . —Leonel con esa paz del que nada teme le preguntó ¿Está todo bien?—
En tanto oraba y sabía que sus padres estaban orando por él y con esa seguridad
de Dios recordaba una promesa. “Para
defender a los que temen al Señor, su
ángel acampa alrededor de ellos” Salmo 34:7
.
—Habla en vos alta, pibe no te voy a
hacer daño, me has cuidado a mi madre, ¿Qué puedo hacer por vos? . — No, Señor, nada yo me voy a mi casa.
—Subí. — No gracias Don Jorge. — Por lo menos dame la dirección para
agradecerle a tus padres lo que has hecho por mi madrecita.— Con humildad
Leonel le dio la dirección del templo y así volvió en un micro y habló por su celular con sus padres y llegó a
reunirse con sus amigos para ver parte de la película.
Pasaron
varias semanas y una mañana pasa por el templo Jorge con su camioneta
inconfundible por la inscripción Mudanzas El Buey. El pastor estaba en la
vereda y Clara Ester que iba con su hijo lo recordó y le dijo. — ¡Jorge, mijo
mirá allá está el padre del muchacho que me llevo cuando me perdí! Dejame
saludarlo. — se nos hace tarde dijo la nuera a la abuela. — ¡No hay que ser
desagradecidos en la vida Marta!—no empiecen a pelear ustedes dos. Marta
después de todo es mi madre y yo también quede de agradecerle al pibe. . —Así
bajaron de la camioneta y se acercaron al pastor que los saludó con la simpatía
que lo caracterizaba. — Abuela, ¡Que alegría volverla a ver! ¿Cómo está? Bien
mijo, bien— Salimos y mi madre lo
recordó y queríamos a agradecerle todo lo que su hijo hizo por ella. . — No fuimos nosotros porque teníamos
una diligencia y entonces fue Leonel. . —Si, en verdad es un gran pibe el suyo.
— Si, Leonel se llama. . — ¿Como se llama usted?— Leandro, pastor Leandro. — Le
dejo mi tarjeta por si alguna vez tiene que hacer una mudanza. . — El pastor
recibió la tarjeta y le pidió que si podía esperar un instante y se dirigió adentro del templo y tomo un
Nuevo Testamento, se lo entregó a Jorge.
Jorge le preguntó ¿Qué es esto? Es la Palabra de Dios , Jorge, aquel que
entregó a su Hijo Jesús por todos los que han perdido el camino y lo quieren
encontrar, solo léalo y lo esperamos alguna mañana a compartir con nosotros un
tiempo, un té, yo también le doy mi tarjeta y puede llamarme cuando quiera. Le extendió la mano. Y Así se despidieron esa
mañana, Leandro entro en el templo y oró por ese hombre y esa familia que tanto
necesitaban de Dios. Teniendo la seguridad de que como dice Isaías 55:11
“Así será mi Palabra que sale de mi boca; no volverá a mi vacía, sino que hará
lo que to quiero…”
Autora: Mirta Barolo
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