martes, 28 de enero de 2014

Anacleto Fava Y Su Gran Secreto.

Anacleto Fava Y Su Gran Secreto.

Corría el año 1920 después de la primera Guerra Mundial, que llegaron a la ciudad de Etruria, provincia de Córdoba, Argentina don José Fava y su esposa Angelina de Fava, ambos enfermos con un único hijo al que llamaban Anacleto Fava. El Joven fue creciendo ayudando a sus padres en la pequeña granja que de a poco fueron construyendo.
Hicieron pozos de agua potable, un gallinero, corrales para tener una vaca y así obtener la leche y que era vendida en la ciudad, primero en una mula y luego con las ganancias llegaron comprar un carro, caballos, novillos, tenía colmenares de donde sacaban mil pura para vender, Anacleto no depositaba en el banco, el compraba monedas de oro y de plata y las guardaba  en un cajón muy seguro. Cosa que sus padres enfermos ignoraban. Ya que él había construido en un galpón una especie de sótano al que le hizo una buena tapa de cemento y lo tapaba con pastos. El único que sabía el secreto era la pulga, un perro fiel, que era su único amigo.
Al fallecer sus padres Anacleto Fava, quedó solo en la granja con el pulga su perro fiel. Y continuaba acrecentado su fortuna, llegó a tener de todos lo que un hombre anhela con su trabajo y esfuerzo, cada noche iba al galpón con su perro sacaba la tapa y admiraba el brillo de las monedas de oro y plata.
Pasado un tiempo conoció a una hermosa mujer de la granja vecina llamada Sterinella y así se pusieron de novio y con la debida autorización de los padres de ella se casaron en una sencilla ceremonia. Sterinella era una mujer que lo ayudaba en todas las tareas de la granja, desde ordeñar una vaca hasta labrar la tierra con el arado, mientras él seguía con sus ventas en el pueblo y los fines de mes iba al comprar las monedas de oro y plata cosa que su esposa ignoraba.
Sterinella ignoraba esto, ella alimentaba el hambre de las gallinas, los cerdos y hasta criba los animales guachos  con mamadera, Anacleto a su manera la amaba, pero era superior su avaricia, ambición. No tuvieron hijos.
Cuando Anacleto llegó a los cuarenta y siete años de edad le tomó un enfermedad y cayó en cama y su esposa lo cuidaba con muchísima ternura, lo único que le llamaba la atención era que a por la noche el perro, dejaba de estar echado a los pies de la cama de Anacleto y se iba al galpón y volvía. Cuando ya el médico dijo que  había que internarlo en un hospital de la zona, así lo hizo  Sterinella allí le hicieron estudios y como la enfermedad se debía al cigarrillo contrajo cáncer de pulmón, fue un largo sufrimiento, Sterinella lo trajo a su casa y lo atendió pagando al médico que lo atendía. Ella derramaba muchas lágrimas y ocupó peones para que la ayudaran y ella poder atender a su esposo. Anacleto Fava como era de esperarse en dos meses murió dejando a su esposa y a su amigo fiel el perro que le había tomado mucho cariño a su querida amiga Sterinella. Puga iba con ella a todas partes de la casa la ciudad hacer las ventas y traía el dinero y parte dejaba en el banco, nunca le interesó si había dinero en el banco porque pensaba que Anacleto lo invertía en cosas para la granja.
Pero todos conocía a Anacleto Fava en el banco; pero nadie le decía nada a esa mujer quebrada por el dolor de la pérdida de su esposo. Una Sterinella vio salir al perro y lo siguió y este estaba contento saltaba y le tiraba de la ropa guiándola al galpón. Ella lo miraba y ¡Oh sorpresa! El perro comenzó a escavar con sus patas y le mostraba el lugar, Sterinella levantó la tapa como pudo y halló las monedas de oro y se tiró a llorar por la gran decepción, el dolor de que durante unos años Anacleto le ocultara  ese secreto del cofre de las monedas de oro, llamó a sus padres que la vinieron a consolar.
Pulga echado en el regazo de su ama le lamía la mano como pidiéndole perdón. Entre lágrimas la mujer lo acariciaba y le hablaba diciéndole que  él no era culpable y que solo lloraba por el alma de ese ambicioso hombre que ella amó y cuidó y que nunca le demostró su amor. Porque Anacleto Fava  solo le interesaba el dinero.
Solo dijo unas palabras que dejo grabadas y que están grabadas en la Santa Palabra de Dios.
“Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando, algunos se extraviaron de la fe, y fuerza traspasada de muchos dolores” 1ª Timoteo6:10
También el evangelio según s. Mateo 16:26 “porque ¿Aprovechara al hombre si ganare todo el mundo y perdiera su alma? Mateo 6:24 “No podéis servir a las riquezas”
Ruego a Dios por que nunca nos ocurra lo que le ocurrió a Anacleto Fava que por su enfermizo amor al dinero partió de este mundo, sin, Dios, si Cristo y sin esperanzas.
Por esto Dios en su amor y misericordia envió a su Hijo unigénito para que todo aquel que en el crea no se pierda más tenga vida eterna.” Juan 3:16.
















Autor: Juvenal Barolo.
Derechos Reservados.    





martes, 14 de enero de 2014

ANA PAULA UNA NIÑA GENEROSA ,

ANA PAULA UNA NIÑA GENEROSA , 
Una niña generosa , solía pasear por las orillas del un hermoso lago, donde siempre se encontraba con una ranita, que estaba triste. Entonces Ana Paula que así le llamaban oró a Dios para que esa criatura y creación no estuviera triste porque  ella sabía que Dios ama a las personas, animales y los cuida y sufre cuando lo ve triste y se pregunta ¿Por qué está tan triste Ana Paula? si yo les doy de mi Espíritu Santo para que se llene de alegría y Ana Paula que lo había experimentado, comenzó a pensar y le contó a mamá que le dijo quizás no tenga amigas en la laguna; pero Ana tú no te acerques demasiado, puedes caerte o quizás la ranita esté enferma, eso no lo sabemos. En una mañana muy serena Ana iba a la escuela y con gran sorpresa encontró a la ranita acompañada por muchos amigos, patitos, pecesitos y mariposas que le llevaron alegría a  su vida. Ana Paula muy alegre dio gracias a Dios porque Dios vio su generosidad y el actuó mandando a la creación a hacer lo que Ana paula no podía hacer. Chicos siempre que veamos a alguien triste, pidamosle a Dios y Él hará.  













Cuento, Mirta Barolo de Acuña.

miércoles, 1 de enero de 2014

SUEÑOS DE MI NIÑEZ

SUEÑOS DE MI NIÑEZ
Desde niña soñaba con tener un barquito y poder visitar bosques con soles travieso que se colaban entre los árboles, con manzanos llenos de frutos y estar sola disfrutando de unos suaves pastos. Por eso Dios me concedió este sueño y llegue con mi bote medio destartalado, con sus velas rasgadas por el viento furioso que quería robarme la ilusión de soñar y hacerme creer que los sueños no se hacen realidad. Legué y me puse a escribir para los niños y entonces escribía cartas y las colocaba en una botella para que llegaran al mar. Y llegaron. Por eso nunca dejes de soñar.




























Comentario Mirta Barolo de Acuña.

martes, 3 de diciembre de 2013

LULIANA, LA SILENCIOSA

Liliana, La Silenciosa.
En la escuela a donde asistía a estudiar el profesorado de letras, todo era bullicio. Todos en esa pueril adolescencia nos sentimos, genios, los dueños de la verdad, y en muchas ocasiones herimos con actitudes negativas a personas de la cuales ignoramos las virtudes o talentos que Dios en su amor puso en los que nos rodean.
Esta fue el caso de mi querida ex compañera Liliana, la silenciosa. La recuerdo como si fuera hoy  aunque ya  han pasado treinta y tanto años.
Liliana llegaba al aula con una conducta sumisa, solo sonreía, hacía en ocasiones muy esporádicas un comentario a los profesores que tampoco reparaban mucho en ella. Yo me vinculaba con mis compañeros más locuaces, los que me podían hacer favores, reír. Así estaba Alejo Huidobro el más grande en edad, y mayor experiencia en letras porque ya era periodista. Para mí era el que me daba clases de gramática y otros que eran  con los que nos reuníamos a estudiar en la Ochava.
Liliana, la Silenciosa, por el contrario, ella llegaba y se ponía a estudiar en un rincón, parecía muda.
Pasado un tiempo en el colegio se realizó un gran evento como lo es la entronización de la bandera de Ceremonias, que unas personas donaron.  La profesora que organizó todo nos comprometió a todos los alumnos, ya que a  dicha ceremonia deben asistir todos los colegios de la zona y un sacerdote para bendecir la bandera. Todos colaboraron y estaba invitada la banda de un regimiento para tocar el himno nacional, Aurora. La profesora invitó el coro polifónico de la ciudad. Así llego la maravillosa noche de un noviembre muy cálido. El colegio estaba lleno de personas, todos muy emocionados al ver como la abanderada y escolta pasaban  entre dos filas con la bandera de Ceremonias, mientras  las banderas eran levantadas al compás del tema Avenida De Las Camelias.
Para sorpresa de todos entró el coro polifónico de la cuidad y desde un rincón comenzaron a cantar y la soprano era Liliana, la silenciosa, de la que nunca dejaré de recordar esa maravillosa voz que hizo derramar lágrimas de emoción a todos, que no cesaban de aplaudir. Cuando todo hubo terminado me acerqué y con gran dulzura y humildad Liliana me contó que hacía años integraba ese coro.
Recuerdo que me sonrió y me dio las gracias por  mis justificados elogios y reconocimiento. Liliana, la silenciosa, esa noche fue entrevistada por todos los profesores, alumnos y las personas que donaron la bandera.
Paso ese día y Liliana, la silenciosa, siguió como siempre con su buena conducta, y su amabilidad para todos nosotros.
















Dios la este bendiciendo a donde se encuentre.

Mirta Barolo de Acuña.

jueves, 21 de noviembre de 2013

CONTAR CON VALORES Y LOS MEJORES PENSAMIENTOS.

Cuento Con Valores es una manera de sembrar en la mente de nuestros niños todas las virtudes que jamás olvidarán. No significa contar una fábula  no es contar cuentos, sino historia reales de niños que tienen esos Valores.
Todos 
los han aprendido de la Palabra de Dios mirando y fijando sus ojitos en Nuestro Señor. El en el corazón de un niño pone esos Valores. y a mi me gusta porque al escribir esa historia aún siendo una mujer mayor aprendo. 









Mirta Barolo de Acuña.

viernes, 27 de septiembre de 2013

DE MARÍA CRISTINA A DORCAS

De María Cristina, A Dorcas.
María Cristina, era una niña exigente con la ropa que su madre Angélica le confeccionaba con su precaria máquina de coser a pedal. Angélica, era diseñadora de modas y había trabajado en las mejores tiendas diseñando ropa de alta costura. Los tiempos eran muy difíciles en el país por esos años y la indemnizaron. Con ese dinero invirtió en una maquina; con la idea de coser para las mujeres de la pequeña ciudad donde vivía y realmente esto se hizo realidad.
Una de sus clientas más exigente era María Cristina, su pequeña hija de solo ocho años. Así se dirigía a su madre.  — ¡Mamita, mamita! yo quiero que la falda de mi vestido sea  blanca y con moños rosas. Todas mis compañeras irán al cumpleaños de Luciana con vestidos  de seda y yo siempre tengo que llevar de algodón. 
. — María Cristina vos vas a ir con el vestido que mamita pueda confeccionarte y si no te gusta, entonces no irás a ningún cumpleaños. — Allí comenzaba el llanto desconsolado, el zapateo y su famoso —¡Cuando venga papá le voy a decir que no me querés, que a mi prima Teté le haces los mejores peinados y vestidos, y a mí estas  trenzas feas y desparejas!.— A lo que su madre con firmeza respondió.
. — ¡A tu habitación María Cristina!— le decía su madre, Angélica,  con la varita de sauce en la mano.— Esto no necesitaba mayor explicación ya que Angélica la corregía con la vara. . — ¡Vení aquí María Cristina!— A lo que la niña respondía endureciendo su trasero. — ¡Pegáme!— Decía esto en tono desafiante y sin temor alguno. . —Angélica, haciendo caso omiso a las lágrimas de la niña, daba un varetazo., María Cristina le clavaba sus ojos negros totalmente desviados a causa de su nacimiento por la maniobra de los fórceps que se vio obligada a usar la partera; porque de no ser así hubiera muerto en el parto doloroso que Angélica nunca pudo olvidar.
Y desde la cocina le advertía. — dejá de gritar, yo tengo que atender a tus hermanos y ya va llegar papá. — Entre sollozos,  María Cristina  quedaba dormida.
Angélica preparaba la cena y llegaba papá Francisco, de viajar cincuenta y siete kilómetros, acompañado por el perro Polo que lo iba a  esperar a la parada del colectivo.
..—Hola, mi amor ¿Cómo  pasaste el día?—Bien¿ y vos?.— Hoy hubo mucho trabajo y compre estos caramelos que son los que más nos convienen porque al venir en tiras,  los podemos dividir  y de este modo alcanzan para todos.¿ Y los chicos?.— En la casa de doña Carmen mirando televisión .— A los pocos minutos golpearon a la puerta y comenzaron a gritar..— ¡Angélica! ¡Don Francisco!.— Vengan a ver por favor. — Alarmados salieron los padres de María Cristina a la  vereda. — ¡Por favor ¡ no la castiguen ; pero miren lo que hizo María Cristina con mis azucenas.
. — ¡Qué dolor para Francisco! Que amaba a su hija. Varías veces el médico le había dicho que la medicación era necesaria, que se la dieran y él por no querer asumir que esa niña debía ser operada y medicada; porque sus caprichos eran causados por sus nervios a causa  del mal uso de los fórceps. — María Cristina, hija ¿Por qué hiciste eso?— Ya llorando y abrazando a su padre,  le decía para regalárselas a mamá. Yo la hice renegar papito. . — Doña Carmen, perdónenos.— ¡Lástima porque crece una sola vez al año!— María Cristina,  no hacía las cosas con maldad; sino con ese resentimiento y ese carácter fuerte que había   desarrollado; para soportar las burlas de los compañeros en el colegio, por ese problema en sus ojos.
. —Angélica angustiada le comentaba a Francisco. — ¡Ojalá la operen pronto!, solo dos años dijeron los médicos. — Vamos madre a cenar que mañana tengo que madrugar.
.— A la mañana muy temprano, María Cristina con sus zapatillas, juntaba unos cardos y hacía arder en el brasero el fuego y ya estaba preparando el agua para el desayuno de su padre y a la pasada había tenido tiempo para saltar la tapia y cortar una rosas para el florero de su madre.
. —Papito, hoy me voy a portar bien y me voy a poner el vestido que mamita me está haciendo para ir al cumpleaños de Luciana; aunque todas van con vestidos de seda. —Negrita, como solía decirle con cariño Francisco. — Tenés que aprender a no mirar a la gente por la ropa, siempre que veas a alguien, nunca te dejes llevar por comentarios, o bromas y vas a ver como todos van a cambiar y te miraran de otra manera.
. — Papito. — insistía María Cristina.— ¿Puedo irme un tiempo con tía Nataly, así me lleva a esos lugares donde todos los niños me quieren y la tía me enseña cosas de Dios?.
. —Francisco muy apurado le contesta. — María Cristina vos tenés que ayudar a mamá, tenés que continuar estudiando aunque te cuesta mucho, solo tenés  que ser obediente en todas partes, más con los mayores. Ya te dije las apariencias muchas veces nos engañan.
. — En el verano podré ir a la casa de tía Nataly. — De acuerdo dijo Francisco y ahora estudiá y no te metas en problemas. . — A lo que respondió María Cristina, —¡Bueno papito! colgándose del cuello del padre.
. — ¡María Cristina!— llamó Angélica. — Si, mamita. — Vení vamos conversar. . —¿De qué?. — De algo lindo para vos. . — Bueno. — Hija hoy va a venir mi amiga para enseñarme a tejer, se llama Blanca y teje unos hermosos pullovers y quiero aprender para tejerle a ustedes y luego venderlos para que tengamos más dinero, hija. Andá y ponele la cadena a Polo y atalo para que no muerda. — Si, ahora cuando vuelva lo hago mamita. — Y así lo hizo.
Golpearon las manos y llegó Blanca acompañada de su hijo Manuel, un niño alto y bien parecido que cuando vio a María Cristina la miró con un gran desprecio. La niña recordó las palabras de su amado padre y los invitó a pasar.
Blanca, era alta de  cabellos rizados y su vestimenta era muy humilde. María Cristina  vivía pensando en que los vestidos mejoran la vida de la gente; por eso ella quería siempre los mejores. Y miró con desprecio las ropas de Blanca. 
Ese día su madre comenzó las clases de tejido y así llegaron a pasar dos meses, cuando María Cristina la veía llegar, le abría la puerta y se alejaba porque pensaba que Blanca tendría en sus ropas humilde olor feo.
Una mañana Blanca con mucha ternura le preguntó si quería que le enseñara diciéndole que  ella  a pesar de ser una niña tenía una manitos muy lindas para tejer y como la observaba realizar las tareas de la casa y  lavar los patios de las casas quintas de fin de semana, por los cual los dueño a fin de semana le pagaban por lavar los patios y regar los jardines, pensó que tejiendo junto a Angélica podía ganar más y estar más segura.
. —Blanca, dijo María Cristina, tiene que preguntarle a mi mamá. — Blanca, se dirigió a Angélica y esta respondió que apenas le alcanzaba para pagar las clases que tomaba ella. ..—No te preocupes Angélica lo hago sin ningún interés. — Si ella lo desea. Le aclaro que no es nada fácil tratar con María Cristina. — ¡Qué alivio!, dijo para su adentros María Cristina, no tendré que acercarme a sentir el olor que deben despedir sus ropas. —Igual piénsalo niña. . — lo pensaré y se fue a saltar a la cuerda en el patio por los senderos bordeados de gladiolos y dalias.
Al rato se escucharon unos gritos ¡Mamita! ¡Mamita!. — Angélica corrió y la trajo en brazos con una herida en la pierna muy profunda. Ella ayudada por Blanca la curaron ya que el hospital quedaba a un kilometro y medio. María Cristina apoyada en el regazo de Blanca, podía sentir el suave perfume a ropa lavada con jabón y como la acariciaba mientras la madre lavaba la herida.  Y diciendo una oración en voz baja que María Cristina conocía por boca de la tía Nataly.
. — Ahora unos días en la cama María Cristina. — ¡Me voy a aburrir mamita!— Dijo María Cristina muy apenada. Con una amplia sonrisa, Blanca le acarició la cabeza y le dijo: — Sabés María Cristina lo que Dios dice en la Biblia que a los que aman a Dios todas las cosas son para bien, mi niña.— Eso también dice mi tía Nataly, cuando la voy a visitar y me  lleva con los niños a aprender de Dios. — Vamos a hacer una cosa, si mamá nos da permiso, yo vendré todas las tardes a enseñarte a tejer. — Angélica, todavía ofuscada por el disgusto le respondió. — ¡Te la regalo, llévala a tu casa!
Por varios largos meses los vecinos extrañaban a María Cristina, mientras Blanca le compraba la  lana con el dinero que María Cristina guardaba en una bolsa dentro de una lata de yerba, esas moneditas que le daban por limpiar patios de las casa quintas y ella tejía, bufandas, pullovers, carpetas y la mandaba a los asilos de ancianos, a sus pocos amigos, y también a sus enemigos. Aprendió mucho junto a Blanca. Llegó el verano y viajó con la tía Nataly a un lugar donde había niños muy carenciados y ella tejía ropa que guardaba para el invierno. María Cristina aprendió por el amor de una cristiana de ropas humildes, sencillas a dar y allí se olvidó del defecto que la hacía ser egoísta, porque Jesús tomó su vida y la trasformó de alguien que miraba y juzgaba por las apariencias, en una niña como Dorcas, esa sierva del libro de los Hechos. Por eso su tía Nataly le decía. — Ahora eres Dorcas. . —Y como era muy curiosa, leyó la historia y aceptó a Cristo como su Señor y salvador y su vida cambió de ser María Cristina,  a Dorcas.
Sean Justos, en sus juicios y no juzguen por las apariencias. Juan 7:24.





















Autora: Mirta Barolo
   
  




sábado, 7 de septiembre de 2013

LEONEL, UN JOVEN NOBLE

Leonel, Un Joven Noble


. –Una tarde de un frío invierno de Agosto,  Leonel, un joven de diecisiete años, salía de su casa para ir a una reunión, donde los esperaban sus amigos para compartir, una película y un paseo por el Shopping.  
Leonel vivía con sus padres, los cuales eran pastores. Tenía un  hermano el cual también era muy dispuesto y amante del trabajo de la casa,  de la  escuela, de sus perritos y de la Iglesia, ambos eran obedientes.
Esa tarde Leonel salía de su casa para ir a una reunión, con sus zapatillas impecables, su abrigo. Al llegar a la esquina escucho una voz muy temblorosa y dirigió su mirada a la vereda de enfrente y parada en un árbol halló a una ancianita de casi ochenta años la cual decía: — El buey, el buey. – Y por momentos lloraba, iba desabrigada, con un pequeño bolsito y un bastón. Su cabeza era un capullo de blancas canas y peinada con una trenza larga. Ella se aferraba a su bolsito. — Leonel era tan generoso y noble que al verla le pregunto. — ¿Señora, por qué llora?— Ah mijo yo no te escucho, háblame fuerte. — A Leonel le costaba hablar fuerte; pero lo hizo. —Abuela ¿Por qué llora? ¿Está pedida?— si mijo, salí temprano y me perdí. —  Leonel además de noble y compasivo amaba a los ancianos. Con temor le ofreció ayudarla. — Abuela, hace frío ¿ha comido algo?. —Sí, me compre unas tortas fritas. Pero estoy asustada porque la hora pasa y no puedo llegar a mi  casa.
. —Abuela, ¿no tiene miedo de venir conmigo a mi casa?, están mis padres y ellos la van a ayudar. Es cerca, solo uno metros. — Si, muchacho, vamos . . — Al llegar a la casa estaban los  padres de Leonel por salir a hacer una diligencia, Leonel les presentó a la abuela y les dijo que la encontró perdida y como el templo estaba a escasos metros, la llevaron y la abrigaron con un hermoso tapado del ropero de la Iglesia.
Con mucho cuidado el pastor le preguntó si tenía algún documento donde figuraba la dirección, la abuela insistía con la frase el buey, el buey..— Papá desde que la vi dice esa frase. — ¿Cómo se llama?—pregunto Laura, madre de Leonel. —Clara Ester, me llamo Clara Ester, no recuerdo bien donde vivo. —Laura tomó el documento y era verdad y figuraba la dirección. Abuela usted vive cerca de aquí, Leonel la acompañará, nosotros tenemos una diligencia que hacer porque es urgente. Oraremos para que no se haga la noche porque por más que querremos llevarla, esa calle es de barro y no podemos entrar. : — Bueno está bien señora y gracias.
Leonel caminaba junto a la anciana que se detenía a cada rato para descansar, y arreglar la hermosa trenza ceniza y así se fueron acercando a la entrada de la calle rodeada de pinos, y el barro de la noche anterior  hacía más difícil la tarea, Leonel era un joven noble, paciente. En un momento miró sus zapatillas impecables que tenían que andar en el barro para llevar a la anciana a la casa. Dios es muy justo, sabio con aquellos que son misericordiosos y Leonel oraba todo el camino para realizar esa tarea que Dios le había dado ese día.
De pronto la anciana comenzó a gritar. — ¡Jorge, Jorge, ¡ mijo pará ¡.— Una camioneta antigua  que llevaba la inscripción en el frente y a los costado que  decía Mudanzas El Buey. . — Ahora la entiendo abuela, no grite yo le haré señas. — Tomando  a la abuela de la manos se quitó la campara y comenzó a levantarla. — La anciana gritaba¡Pará Jorge, seguro que estás borracho! Mijo, pará!— Leonel llamó al hombre que detuvo la camioneta y se bajó corriendo y tomó a su madre y la abrazó. — Viejita, te salí a buscar, hoy tuve mucho trabajo!—Mucho trabajo, mucho trabajo a mi no me mentís vos has estado tomando vino. . — Mamita, suba, tranquila, ya pasó. ¿Y vos quien sos pibe?—Leonel con su amor le contó como había ocurrido todo. Jorge lo miró con esa mirada perdida por el alcohol. — y le dijo ¿No le habrás abierto la cartera porque ella cobro la jubilación?—No, Señor, revise usted la cartera de su madre. — Jorge así lo hizo y en una bolsita de plástico Clara Ester le mostró el dinero que Jorge lo contó al instante. . —Leonel con esa paz del que nada teme le preguntó ¿Está todo bien?— En tanto oraba y sabía que sus padres estaban orando por él y con esa seguridad de Dios recordaba una promesa. “Para defender  a los que temen al Señor, su ángel acampa alrededor de ellos” Salmo 34:7
. —Habla en vos alta, pibe  no te voy a hacer daño, me has cuidado a mi madre, ¿Qué puedo hacer por vos?   . — No, Señor, nada yo me voy a mi casa. —Subí. — No gracias Don Jorge. — Por lo menos dame la dirección para agradecerle a tus padres lo que has hecho por mi madrecita.— Con humildad Leonel le dio la dirección del templo y así volvió en un micro y  habló por su celular con sus padres y llegó a reunirse con sus amigos para ver parte de la película.
Pasaron varias semanas y una mañana pasa por el templo Jorge con su camioneta inconfundible por la inscripción Mudanzas El Buey. El pastor estaba en la vereda y Clara Ester que iba con su hijo lo recordó y le dijo. — ¡Jorge, mijo mirá allá está el padre del muchacho que me llevo cuando me perdí! Dejame saludarlo. — se nos hace tarde dijo la nuera a la abuela. — ¡No hay que ser desagradecidos en la vida Marta!—no empiecen a pelear ustedes dos. Marta después de todo es mi madre y yo también quede de agradecerle al pibe. . —Así bajaron de la camioneta y se acercaron al pastor que los saludó con la simpatía que lo caracterizaba. — Abuela, ¡Que alegría volverla a ver! ¿Cómo está? Bien mijo, bien— Salimos  y mi madre lo recordó y queríamos a agradecerle todo lo que su hijo hizo por  ella. . — No fuimos nosotros porque teníamos una diligencia y entonces fue Leonel. . —Si, en verdad es un gran pibe el suyo. — Si, Leonel se llama. . — ¿Como se llama usted?— Leandro, pastor Leandro. — Le dejo mi tarjeta por si alguna vez tiene que hacer una mudanza. . — El pastor recibió la tarjeta y le pidió que si podía esperar un instante y se dirigió adentro del templo y tomo un Nuevo Testamento, se lo entregó a  Jorge. Jorge le preguntó ¿Qué es esto? Es la Palabra de Dios , Jorge, aquel que entregó a su Hijo Jesús por todos los que han perdido el camino y lo quieren encontrar, solo léalo y lo esperamos alguna mañana a compartir con nosotros un tiempo, un té, yo también le doy mi tarjeta y puede llamarme cuando quiera.  Le extendió la mano. Y Así se despidieron esa mañana, Leandro entro en el templo y oró por ese hombre y esa familia que tanto necesitaban de Dios. Teniendo la seguridad de que como dice Isaías 55:11 “Así será mi Palabra que sale de mi boca; no volverá a mi vacía, sino que hará lo que to quiero…”







Autora: Mirta Barolo


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