viernes, 27 de septiembre de 2013

DE MARÍA CRISTINA A DORCAS

De María Cristina, A Dorcas.
María Cristina, era una niña exigente con la ropa que su madre Angélica le confeccionaba con su precaria máquina de coser a pedal. Angélica, era diseñadora de modas y había trabajado en las mejores tiendas diseñando ropa de alta costura. Los tiempos eran muy difíciles en el país por esos años y la indemnizaron. Con ese dinero invirtió en una maquina; con la idea de coser para las mujeres de la pequeña ciudad donde vivía y realmente esto se hizo realidad.
Una de sus clientas más exigente era María Cristina, su pequeña hija de solo ocho años. Así se dirigía a su madre.  — ¡Mamita, mamita! yo quiero que la falda de mi vestido sea  blanca y con moños rosas. Todas mis compañeras irán al cumpleaños de Luciana con vestidos  de seda y yo siempre tengo que llevar de algodón. 
. — María Cristina vos vas a ir con el vestido que mamita pueda confeccionarte y si no te gusta, entonces no irás a ningún cumpleaños. — Allí comenzaba el llanto desconsolado, el zapateo y su famoso —¡Cuando venga papá le voy a decir que no me querés, que a mi prima Teté le haces los mejores peinados y vestidos, y a mí estas  trenzas feas y desparejas!.— A lo que su madre con firmeza respondió.
. — ¡A tu habitación María Cristina!— le decía su madre, Angélica,  con la varita de sauce en la mano.— Esto no necesitaba mayor explicación ya que Angélica la corregía con la vara. . — ¡Vení aquí María Cristina!— A lo que la niña respondía endureciendo su trasero. — ¡Pegáme!— Decía esto en tono desafiante y sin temor alguno. . —Angélica, haciendo caso omiso a las lágrimas de la niña, daba un varetazo., María Cristina le clavaba sus ojos negros totalmente desviados a causa de su nacimiento por la maniobra de los fórceps que se vio obligada a usar la partera; porque de no ser así hubiera muerto en el parto doloroso que Angélica nunca pudo olvidar.
Y desde la cocina le advertía. — dejá de gritar, yo tengo que atender a tus hermanos y ya va llegar papá. — Entre sollozos,  María Cristina  quedaba dormida.
Angélica preparaba la cena y llegaba papá Francisco, de viajar cincuenta y siete kilómetros, acompañado por el perro Polo que lo iba a  esperar a la parada del colectivo.
..—Hola, mi amor ¿Cómo  pasaste el día?—Bien¿ y vos?.— Hoy hubo mucho trabajo y compre estos caramelos que son los que más nos convienen porque al venir en tiras,  los podemos dividir  y de este modo alcanzan para todos.¿ Y los chicos?.— En la casa de doña Carmen mirando televisión .— A los pocos minutos golpearon a la puerta y comenzaron a gritar..— ¡Angélica! ¡Don Francisco!.— Vengan a ver por favor. — Alarmados salieron los padres de María Cristina a la  vereda. — ¡Por favor ¡ no la castiguen ; pero miren lo que hizo María Cristina con mis azucenas.
. — ¡Qué dolor para Francisco! Que amaba a su hija. Varías veces el médico le había dicho que la medicación era necesaria, que se la dieran y él por no querer asumir que esa niña debía ser operada y medicada; porque sus caprichos eran causados por sus nervios a causa  del mal uso de los fórceps. — María Cristina, hija ¿Por qué hiciste eso?— Ya llorando y abrazando a su padre,  le decía para regalárselas a mamá. Yo la hice renegar papito. . — Doña Carmen, perdónenos.— ¡Lástima porque crece una sola vez al año!— María Cristina,  no hacía las cosas con maldad; sino con ese resentimiento y ese carácter fuerte que había   desarrollado; para soportar las burlas de los compañeros en el colegio, por ese problema en sus ojos.
. —Angélica angustiada le comentaba a Francisco. — ¡Ojalá la operen pronto!, solo dos años dijeron los médicos. — Vamos madre a cenar que mañana tengo que madrugar.
.— A la mañana muy temprano, María Cristina con sus zapatillas, juntaba unos cardos y hacía arder en el brasero el fuego y ya estaba preparando el agua para el desayuno de su padre y a la pasada había tenido tiempo para saltar la tapia y cortar una rosas para el florero de su madre.
. —Papito, hoy me voy a portar bien y me voy a poner el vestido que mamita me está haciendo para ir al cumpleaños de Luciana; aunque todas van con vestidos de seda. —Negrita, como solía decirle con cariño Francisco. — Tenés que aprender a no mirar a la gente por la ropa, siempre que veas a alguien, nunca te dejes llevar por comentarios, o bromas y vas a ver como todos van a cambiar y te miraran de otra manera.
. — Papito. — insistía María Cristina.— ¿Puedo irme un tiempo con tía Nataly, así me lleva a esos lugares donde todos los niños me quieren y la tía me enseña cosas de Dios?.
. —Francisco muy apurado le contesta. — María Cristina vos tenés que ayudar a mamá, tenés que continuar estudiando aunque te cuesta mucho, solo tenés  que ser obediente en todas partes, más con los mayores. Ya te dije las apariencias muchas veces nos engañan.
. — En el verano podré ir a la casa de tía Nataly. — De acuerdo dijo Francisco y ahora estudiá y no te metas en problemas. . — A lo que respondió María Cristina, —¡Bueno papito! colgándose del cuello del padre.
. — ¡María Cristina!— llamó Angélica. — Si, mamita. — Vení vamos conversar. . —¿De qué?. — De algo lindo para vos. . — Bueno. — Hija hoy va a venir mi amiga para enseñarme a tejer, se llama Blanca y teje unos hermosos pullovers y quiero aprender para tejerle a ustedes y luego venderlos para que tengamos más dinero, hija. Andá y ponele la cadena a Polo y atalo para que no muerda. — Si, ahora cuando vuelva lo hago mamita. — Y así lo hizo.
Golpearon las manos y llegó Blanca acompañada de su hijo Manuel, un niño alto y bien parecido que cuando vio a María Cristina la miró con un gran desprecio. La niña recordó las palabras de su amado padre y los invitó a pasar.
Blanca, era alta de  cabellos rizados y su vestimenta era muy humilde. María Cristina  vivía pensando en que los vestidos mejoran la vida de la gente; por eso ella quería siempre los mejores. Y miró con desprecio las ropas de Blanca. 
Ese día su madre comenzó las clases de tejido y así llegaron a pasar dos meses, cuando María Cristina la veía llegar, le abría la puerta y se alejaba porque pensaba que Blanca tendría en sus ropas humilde olor feo.
Una mañana Blanca con mucha ternura le preguntó si quería que le enseñara diciéndole que  ella  a pesar de ser una niña tenía una manitos muy lindas para tejer y como la observaba realizar las tareas de la casa y  lavar los patios de las casas quintas de fin de semana, por los cual los dueño a fin de semana le pagaban por lavar los patios y regar los jardines, pensó que tejiendo junto a Angélica podía ganar más y estar más segura.
. —Blanca, dijo María Cristina, tiene que preguntarle a mi mamá. — Blanca, se dirigió a Angélica y esta respondió que apenas le alcanzaba para pagar las clases que tomaba ella. ..—No te preocupes Angélica lo hago sin ningún interés. — Si ella lo desea. Le aclaro que no es nada fácil tratar con María Cristina. — ¡Qué alivio!, dijo para su adentros María Cristina, no tendré que acercarme a sentir el olor que deben despedir sus ropas. —Igual piénsalo niña. . — lo pensaré y se fue a saltar a la cuerda en el patio por los senderos bordeados de gladiolos y dalias.
Al rato se escucharon unos gritos ¡Mamita! ¡Mamita!. — Angélica corrió y la trajo en brazos con una herida en la pierna muy profunda. Ella ayudada por Blanca la curaron ya que el hospital quedaba a un kilometro y medio. María Cristina apoyada en el regazo de Blanca, podía sentir el suave perfume a ropa lavada con jabón y como la acariciaba mientras la madre lavaba la herida.  Y diciendo una oración en voz baja que María Cristina conocía por boca de la tía Nataly.
. — Ahora unos días en la cama María Cristina. — ¡Me voy a aburrir mamita!— Dijo María Cristina muy apenada. Con una amplia sonrisa, Blanca le acarició la cabeza y le dijo: — Sabés María Cristina lo que Dios dice en la Biblia que a los que aman a Dios todas las cosas son para bien, mi niña.— Eso también dice mi tía Nataly, cuando la voy a visitar y me  lleva con los niños a aprender de Dios. — Vamos a hacer una cosa, si mamá nos da permiso, yo vendré todas las tardes a enseñarte a tejer. — Angélica, todavía ofuscada por el disgusto le respondió. — ¡Te la regalo, llévala a tu casa!
Por varios largos meses los vecinos extrañaban a María Cristina, mientras Blanca le compraba la  lana con el dinero que María Cristina guardaba en una bolsa dentro de una lata de yerba, esas moneditas que le daban por limpiar patios de las casa quintas y ella tejía, bufandas, pullovers, carpetas y la mandaba a los asilos de ancianos, a sus pocos amigos, y también a sus enemigos. Aprendió mucho junto a Blanca. Llegó el verano y viajó con la tía Nataly a un lugar donde había niños muy carenciados y ella tejía ropa que guardaba para el invierno. María Cristina aprendió por el amor de una cristiana de ropas humildes, sencillas a dar y allí se olvidó del defecto que la hacía ser egoísta, porque Jesús tomó su vida y la trasformó de alguien que miraba y juzgaba por las apariencias, en una niña como Dorcas, esa sierva del libro de los Hechos. Por eso su tía Nataly le decía. — Ahora eres Dorcas. . —Y como era muy curiosa, leyó la historia y aceptó a Cristo como su Señor y salvador y su vida cambió de ser María Cristina,  a Dorcas.
Sean Justos, en sus juicios y no juzguen por las apariencias. Juan 7:24.





















Autora: Mirta Barolo
   
  




sábado, 7 de septiembre de 2013

LEONEL, UN JOVEN NOBLE

Leonel, Un Joven Noble


. –Una tarde de un frío invierno de Agosto,  Leonel, un joven de diecisiete años, salía de su casa para ir a una reunión, donde los esperaban sus amigos para compartir, una película y un paseo por el Shopping.  
Leonel vivía con sus padres, los cuales eran pastores. Tenía un  hermano el cual también era muy dispuesto y amante del trabajo de la casa,  de la  escuela, de sus perritos y de la Iglesia, ambos eran obedientes.
Esa tarde Leonel salía de su casa para ir a una reunión, con sus zapatillas impecables, su abrigo. Al llegar a la esquina escucho una voz muy temblorosa y dirigió su mirada a la vereda de enfrente y parada en un árbol halló a una ancianita de casi ochenta años la cual decía: — El buey, el buey. – Y por momentos lloraba, iba desabrigada, con un pequeño bolsito y un bastón. Su cabeza era un capullo de blancas canas y peinada con una trenza larga. Ella se aferraba a su bolsito. — Leonel era tan generoso y noble que al verla le pregunto. — ¿Señora, por qué llora?— Ah mijo yo no te escucho, háblame fuerte. — A Leonel le costaba hablar fuerte; pero lo hizo. —Abuela ¿Por qué llora? ¿Está pedida?— si mijo, salí temprano y me perdí. —  Leonel además de noble y compasivo amaba a los ancianos. Con temor le ofreció ayudarla. — Abuela, hace frío ¿ha comido algo?. —Sí, me compre unas tortas fritas. Pero estoy asustada porque la hora pasa y no puedo llegar a mi  casa.
. —Abuela, ¿no tiene miedo de venir conmigo a mi casa?, están mis padres y ellos la van a ayudar. Es cerca, solo uno metros. — Si, muchacho, vamos . . — Al llegar a la casa estaban los  padres de Leonel por salir a hacer una diligencia, Leonel les presentó a la abuela y les dijo que la encontró perdida y como el templo estaba a escasos metros, la llevaron y la abrigaron con un hermoso tapado del ropero de la Iglesia.
Con mucho cuidado el pastor le preguntó si tenía algún documento donde figuraba la dirección, la abuela insistía con la frase el buey, el buey..— Papá desde que la vi dice esa frase. — ¿Cómo se llama?—pregunto Laura, madre de Leonel. —Clara Ester, me llamo Clara Ester, no recuerdo bien donde vivo. —Laura tomó el documento y era verdad y figuraba la dirección. Abuela usted vive cerca de aquí, Leonel la acompañará, nosotros tenemos una diligencia que hacer porque es urgente. Oraremos para que no se haga la noche porque por más que querremos llevarla, esa calle es de barro y no podemos entrar. : — Bueno está bien señora y gracias.
Leonel caminaba junto a la anciana que se detenía a cada rato para descansar, y arreglar la hermosa trenza ceniza y así se fueron acercando a la entrada de la calle rodeada de pinos, y el barro de la noche anterior  hacía más difícil la tarea, Leonel era un joven noble, paciente. En un momento miró sus zapatillas impecables que tenían que andar en el barro para llevar a la anciana a la casa. Dios es muy justo, sabio con aquellos que son misericordiosos y Leonel oraba todo el camino para realizar esa tarea que Dios le había dado ese día.
De pronto la anciana comenzó a gritar. — ¡Jorge, Jorge, ¡ mijo pará ¡.— Una camioneta antigua  que llevaba la inscripción en el frente y a los costado que  decía Mudanzas El Buey. . — Ahora la entiendo abuela, no grite yo le haré señas. — Tomando  a la abuela de la manos se quitó la campara y comenzó a levantarla. — La anciana gritaba¡Pará Jorge, seguro que estás borracho! Mijo, pará!— Leonel llamó al hombre que detuvo la camioneta y se bajó corriendo y tomó a su madre y la abrazó. — Viejita, te salí a buscar, hoy tuve mucho trabajo!—Mucho trabajo, mucho trabajo a mi no me mentís vos has estado tomando vino. . — Mamita, suba, tranquila, ya pasó. ¿Y vos quien sos pibe?—Leonel con su amor le contó como había ocurrido todo. Jorge lo miró con esa mirada perdida por el alcohol. — y le dijo ¿No le habrás abierto la cartera porque ella cobro la jubilación?—No, Señor, revise usted la cartera de su madre. — Jorge así lo hizo y en una bolsita de plástico Clara Ester le mostró el dinero que Jorge lo contó al instante. . —Leonel con esa paz del que nada teme le preguntó ¿Está todo bien?— En tanto oraba y sabía que sus padres estaban orando por él y con esa seguridad de Dios recordaba una promesa. “Para defender  a los que temen al Señor, su ángel acampa alrededor de ellos” Salmo 34:7
. —Habla en vos alta, pibe  no te voy a hacer daño, me has cuidado a mi madre, ¿Qué puedo hacer por vos?   . — No, Señor, nada yo me voy a mi casa. —Subí. — No gracias Don Jorge. — Por lo menos dame la dirección para agradecerle a tus padres lo que has hecho por mi madrecita.— Con humildad Leonel le dio la dirección del templo y así volvió en un micro y  habló por su celular con sus padres y llegó a reunirse con sus amigos para ver parte de la película.
Pasaron varias semanas y una mañana pasa por el templo Jorge con su camioneta inconfundible por la inscripción Mudanzas El Buey. El pastor estaba en la vereda y Clara Ester que iba con su hijo lo recordó y le dijo. — ¡Jorge, mijo mirá allá está el padre del muchacho que me llevo cuando me perdí! Dejame saludarlo. — se nos hace tarde dijo la nuera a la abuela. — ¡No hay que ser desagradecidos en la vida Marta!—no empiecen a pelear ustedes dos. Marta después de todo es mi madre y yo también quede de agradecerle al pibe. . —Así bajaron de la camioneta y se acercaron al pastor que los saludó con la simpatía que lo caracterizaba. — Abuela, ¡Que alegría volverla a ver! ¿Cómo está? Bien mijo, bien— Salimos  y mi madre lo recordó y queríamos a agradecerle todo lo que su hijo hizo por  ella. . — No fuimos nosotros porque teníamos una diligencia y entonces fue Leonel. . —Si, en verdad es un gran pibe el suyo. — Si, Leonel se llama. . — ¿Como se llama usted?— Leandro, pastor Leandro. — Le dejo mi tarjeta por si alguna vez tiene que hacer una mudanza. . — El pastor recibió la tarjeta y le pidió que si podía esperar un instante y se dirigió adentro del templo y tomo un Nuevo Testamento, se lo entregó a  Jorge. Jorge le preguntó ¿Qué es esto? Es la Palabra de Dios , Jorge, aquel que entregó a su Hijo Jesús por todos los que han perdido el camino y lo quieren encontrar, solo léalo y lo esperamos alguna mañana a compartir con nosotros un tiempo, un té, yo también le doy mi tarjeta y puede llamarme cuando quiera.  Le extendió la mano. Y Así se despidieron esa mañana, Leandro entro en el templo y oró por ese hombre y esa familia que tanto necesitaban de Dios. Teniendo la seguridad de que como dice Isaías 55:11 “Así será mi Palabra que sale de mi boca; no volverá a mi vacía, sino que hará lo que to quiero…”







Autora: Mirta Barolo


Derechos reservados
















martes, 3 de septiembre de 2013

SEBASTÍAN Y SU VIOLIN

Sebastián y Su Violín.
En cierta ciudad, vivía con su hermosa familia Sebastián, un niño que contaba con solo diez años y amaba ir los sábados por la tarde a las clases del  profesor Edelmiro, un hombre de un corazón puro y muy generoso.
Desde los cinco añitos que le daban clases de violín, sin que Sebastián le pagara, porque conocía su amor por la música.
Además de Sebastián, concurrían a las clases otros jovencitos, entre ellos estaba Anselmo, el cual se encargaba de esperar a Sebastián en el camino todos los sábados para molestarlo y reírse delante de otros niños que le arrojaban papeles burlándose del estuche del viejo violín.
El niño cansado de esto una tarde se sentó en la puerta de su casa a llorar. Sí,  a donde nadie lo podía ver. Era justo un sábado. El día más agotador porque él hacía su tarea, en la semana iba a la escuela, los sábados al regresar de las clases de violín, iba la iglesia a aprender sobre cómo era Jesús, amaba al maestro Estanislao y a su esposa Nilda, además eso lo fortalecía para continuar con la semana. En realidad era un niño que le gustaba agradar a Jesús en todo.
Esa tarde llegó su abuelo Julián y le preguntó. —  ¿Qué te ocurre Sebastián? ¿Por qué lloras de ese modo.— Abu estoy cansado porque cuando voy a las clases de violín a la casa de don Edelmiro me espera en el camino Anselmo y otros chicos y se burlan de mi.
Me insultan, muchas veces me han querido empujar y yo no he caído al piso porque Dios me cuidó; pero tengo miedo abu, porque pueden romper mi violín, ¡Ahí si que pierdo todo. .! — Vamos a ver Sebastián. Tú sabes que no es la única manera de llegar  a la casa del  profesor. Toma por el camino que bordea el arroyo, aunque es angosto y hay muchas espinas, aunque queda un poquito más lejos. . —No abu yo tengo miedo, allí suele haber gente pescando y lo he intentado pero hay un hombre muy huraño, que
Me miraba mal y me preguntó con voz áspera. — ¿Niño no sabés que todas estas  tierras son  mías? Y me dijo que si volvía no me dejaría pasar. . — Espera, espera Sebastián. Cuéntame ¿Es un anciano desalineado que vive en una casita muy humilde?—Si, abu , ¿ Tú lo conoces?— Claro, es don Rafael , el no miente hijo hace años que le sacaron sus tierras por cuestiones que él conoce, pero abandonó la lucha injusta y las perdió, y se quedó allí ,pero pídele permiso y le das mi saludos , si lo ves. Además hijo nunca olvides lo que dice el Salmo 121: “El Señor  te estará vigilando cuando salgas y cuando regreses, desde ahora y para siempre.”. — Sebastián secó sus lagrimas tomo su violín y salió más temprano que de costumbre.   
Cuando iba llegando a la casita, aunque sentía miedo recordaba otras promesas de Jesús y con fuerzas golpeo las manos en la casita de don Rafael, que salió al instante con un mate en su mano. . — ¿Qué se le ofrece niño?— Do, do, don Rafael yo quería pedirle permiso para pasar por aquí porque yo voy a tomar clases de violín  con el profesor Edelmiro y por el otro camino hay unos niños que me pelean y quieren romper mi violín, se ríen de mi estuche porque es viejo. — Viejo, dijo don Rafael con tristeza, a mi también me dicen viejo, esos… niños haraganes. A  ver muéstrame tu violín. — Si, aquí está mire es hermoso, el estuche esta gastado, pero el violín es nuevo; yo no le digo esto a nadie porque ¿Sabe el mismo Jesús Dijo: “ Sed mansos como paloma y astuto como serpiente”. Si digo eso me lo hubieran roto ya. — Bueno y ¿quién es tu familia? .Perdón, con la conversación me olvidé de darle el saludo de mi abu Julián Navarrete. .-¿Eres nieto de Julián Navarrete.—si, no se enoja si me voy ahora porque se me hace tarde para la clase. . —ve, ve, tranquilo y saluda a tu abu de mi parte, estudia mucho y cualquier cosa que necesites vienes corriendo.
.- Cuando Sebastián, se marchó don Rafael quedó impresionado de la conducta del niño.
Y pensaba cuando él tenía los recreos a la orilla del río y jugaba con los niños y su esposa Ada aún vivía. — Estudia niño, estudia, lucha, no abandones. — decía para sus adentro ¡Si yo pudiera creer en Jesús! Aunque con esta ropa en la iglesia no  me dejarían entrar.
Pasado un tiempo, ese camino espinoso, angosto fue la ruta más tranquila para Sebastián,  que avanzaba cada vez más en sus clases. Don Rafael  muchas veces lo oía  tocar el violín y le pedía  temas clásicos como  El Pastor Solitario,  Primavera de Vivaldi, y otros. Juntos. Sebastián y don Rafael  sentados a la orilla del río donde la brisa llevaba la música por todo el lugar.  Sebastián, tocaba para don Rafael como si tocara para todo un auditorio, en el mejor teatro del mundo. Sebastián era un niño que sentía  amor y agradecimiento por ese anciano solitario y con melodías, le traía a su memoria la época en que el bailaba con su esposa Ada ¡Que tanto le había  brindado en la vida! Rafael sentía lo mismo por el niño. Una mañana, don Rafael salió con la mejor ropa que tenía y fue a comprar una caja para el violín de Sebastián. Y así lo hizo.
Llego una noche en que Sebastián tenía que hacer un concierto de himnos clásicos evangélicos; pero miraba la funda de su violín gastada y pensaba. — Mañana hablaré con el profesor Edelmiro y le pediré una funda por una noche. Porque ya que es un evento especial para evangelizar y mi pastor es tan bueno y siempre me ha enseñado a brindarle a Dios lo mejor, yo quiero hacerlo.
A la mañana pasó por la casa de Don Rafael y le comentó que daría un concierto y que iba para la casa de Don Edelmiro a pedirle la funda nueva prestada para el violín.— Don Rafael con manos temblorosas y lagrimas en sus ojos tomo las manos del niño y le dijo .— ¿Y tú vas a pedir prestado? A caso no dice la biblia que al que cumple con sus mandamientos nunca pedirá prestado. — ¡Don Rafael usted lee la biblia!— Bueno, antes la leía y sabes también cantaba muchos himnos, mira cantemos este tu lo debes saber acompáñame con tu violín. Así cantaron juntos Cuan Grande Es Él..— Parecía que toda la vida hubieran sido un dúo.—continuó Rafael .—Pero me fui alejando de la Iglesia por el reuma, y porque yo estaba enojado con Dios por culpa de los que me robaron mis tierras ¿Sabés lo que trabajé en esta tierra que Dios me había dado? Y me las quitaron, entonces me enoje con Dios y después mi Ada amada partió con él por disgusto de las tierras, y me quedé solo, sin hijos…En fin niño, la cuestión es que por las noches la leo y hasta oro.— Me hace feliz , saber que habla con Dios. — Pero ahora quiero ir a la casa del profesor Edelmiro. —Espera, espera muchacho, ahora vengo ..—Y cruzó la cortina de arpillera de la casita humilde y volvió con una sonrisa y los brazos detrás del cuerpo. —No, No mires. Cierra los ojos. —El niño comenzó a sentir que se le hacía tarde, pero lo disimulaba. — ¡Abre tus ojos , niño!— Y puso en las manos la funda nueva de madera y al abrirla estaba forrada de felpa roja.— ¡ Qué hermosa es don Rafael!— Es tuya, niño. —Para Sebastián era un sueño! Reía, y lloraba abrazado a don Rafael. . —  Don Rafael, yo lo invito al concierto en la Iglesia es esta noche a las veinte horas. —No, hijo, yo no tengo ropa para presentarme en la Iglesia, yo se que Jesús no mira eso; pero la gente lamentablemente si, tu anda tranquilo y yo estaré feliz. — ¡Gracias don Rafael!— gracias a Dios que te ha ayudado y yo fui ese instrumento, tú hazlo para la gloria de Dios, nunca busques la tuya. — Sebastián, pensativo, venía de regreso y se encontró con el maestro Estanislao y su esposa Nilda, excelente costurera, y le contó todo lo vivido y juntos le dijeron a Sebastián. — Sebastián ¿ Qué te parce si le regalamos un traje?—¿Nuevo?— ¿La funda que tenías antes como estaba?.— Gastada. — Y vos como te sentías?—Mal.—Sebastían , el Señor dice en su palabra haz con los demás como quieres que hagan contigo. Conozco hace muchos años a Rafael y como estoy encargado de llevar las invitaciones, haré dos cosas, tengo un traje nuevo y se lo llevaré a Rafael, Tu ora porque hace mucho que  por mi trabajo no puedo llegar, pero iré y de parte tuya le entregará el paquete con el traje, sin avergonzarlo. Y oremos que él Señor hará el resto.
. — Estanislao partió con las invitaciones y pasó por la casa de Rafael y le dijo que Sebastián, el nieto de Julián Navarrete le mandaba el paquete, Rafael preguntó. —Te tengo que dar algo, No, solo te quiero dar esta invitación para el concierto que dará Sebastián. — No, Estanislao, gracias.
Llegó la noche y todo estaba en orden, cada uno en su lugar, Sebastián subió al pulpito con todos los jóvenes después de haber saludado en la puerta a todos los que llegaron temprano y  cuando el pastor Félix y su esposa María le dieron la bienvenida a todos , Sebastián miraba a todos lados buscando a Don Rafael.
Comenzó con el grupo la adoración tocando el Aleluya de Häendel y Sebastián continuó con un solo de violín tocando el himno Consagrarme Todo Entero. En ese mismo instante entra don Rafael y se sienta en la última fila para que nadie lo vea; pero Félix se acercó y lo abrazó y ambos lloraron.
Sebastián comenzó a tocar Tierra De Palestina,  y un silencio reinaba en la Iglesia que escuchaba ese himno tan amado como olvidado. Después de la breve predicación muchos se reconciliaron con Dios.
Realmente una reunión hermosa. El niño bajó del púlpito corriendo y con todo respeto le pidió al pastor si podía llamar como invitado especial a Don Rafael para que deleitara al Señor con un himno, Félix que amaba a Rafael, como a esa ovejita que había vuelto al redil, le dijo que si, Sebastián habló con Rafael, que lleno del Espíritu Santo, no se negó a adorar a Dios. . —Sebastían me acompañas con el himno Yo Me Rindo A Él. —Sí, Don Rafael. Con mucha paz Rafael comenzó a cantar y toda la congregación se unió a ese himno. Terminada la reunión todos volvieron a sus casas.
Desde esa noche Don Rafael asistía a la iglesia y cantaba en el coro.
Dijo Jesús: “Si puedes creer, al que  cree todo es posible” Marcos 9:23.






Autora: Mirta Barolo
Derechos Reservados.


domingo, 1 de septiembre de 2013

EMILY Y LOS GATITOS.

Emily Y  Los Gatitos.


Una mañana cuando el sol comenzaba a desperezarse, Emily iba rumbo a la escuela con su perrito Nucho, que siempre la acompañaba, por un camino lleno de flores y  árboles muy verdes. A  Emily le gustaba mucho contarle historias a su perrito y el la escuchaba parando sus orejitas y moviendo la cola con mucha alegría.
Esa mañana Emily iba en silencio y empezó a oír unos sonidos y entonces se quedo parada para ver de dónde venían, Nucho le tiraba del delantal; porque la cuidaba para que no se quedará  sola en ese lugar solitario.
.   — ¡Basta, Nucho, dejame escuchar!
. —Nucho obediente a la voz de su amiga se quedó quieto. Entonces se oyó claramente unos, miau, miau, miau. Emily dejó su mochila en el piso y dijo: “. — ¡Nucho acompáñeme  por favor son gatitos! Nucho que era bueno y le gustaba jugar con los gatitos la acompañó. Y Oh sorpresa, debajo de un viejo  árbol, en un hueco, encontró tres  lindos gatitos que los habían abandonado como a veces la gente suele hacer. Emily, tomó a los cuatro gatitos que lloraban porque tenían hambre y frío y los colocó dentro de su mochila.
. — ¡Nucho! Caminemos rápido hasta llegar la escuela, llegaré tarde y tengo que pasar a hablar con la señora directora! Ella me dirá un consejo, vamos rápido, ¿oís como lloran? y no quiero que los chicos escuchen porque se van a distraer  en  clase.
. —Al llegar a la escuela, Emily se apuró y golpeó la puerta de la señora Mercedes, la directora.
. — ¡Buenos día Emily! —¡ Buenos días señora¡.— Dijo la niña con mucho respeto.— Señora Mercedes encontré estos gatitos abandonados en el camino y no los quise dejar  solos y abandonados, por eso me atrasé. Y además le pido una ayudita porque no se qué hacer, mis padres se han marchado al trabajo y no tengo a nadie con quien dejar los gatitos. ¿Qué hago?.— Primero aviso a tu maestra para que no te ponga ausente y luego le damos de comer a esos hermosos gatitos, que además no son tan pequeños. — Así Mercedes se fue al aula a charlar con la maestra en tanto Emily oraba y le pedía a Dios.— Señor Jesús, ayudame a poder hacer tu voluntad, yo se que tu ayudas a niños y niñas obedientes y además ayudas a las personas y toda tu creación. Es un consejito que mamá me lee siempre en tu palabra. —Emily estaba muy segura que Jesús la ayudaría a solucionar todo; pero ella tenía que obedecer la decisión de la directora cuando esta regresara.
. —Emily. . — Sí, señora Directora ¿Que tengo que hacer?— Dame los gatitos y yo los haré alimentar por la portera y le pondremos en una caja; pero vos tenés que ir a la clase y no comentar nada porque tus compañeros van a querer ver los gatitos y no prestarán la debida atención a la clase. Luego regresas en el recreo.
.—Para Emily no fue fácil cumplir con todo lo que le aconsejó la directora,; Jesús la ayudaba a controlar sus miedos , su inquietud y recordaba que esos gatitos no estaban solo en las manos de la directora; ella antes se lo había pedido a Jesús que siempre hace las cosas perfectas cuando vamos en oración a él.
. —trin, trin, trin, sonó el timbre y Emily se dirigió a la dirección, allí esta Mercedes, y otras maestras. . — Pasa Emily, ya hemos tomado una decisión con los gatitos. — Que ya jugaban con la pancita llena y hasta daban vueltas en la caja, uno quería salir de la misma.
. — Emily como vos sabés hay lugares donde la gente se reúne y crean una sociedad protectora de animalitos abandonados y están muy bien, vos no podés volver a tu casa con los tres gatitos porque no están tus padres y esto sería todos los días. Los animalitos necesitan alimentos, cuidados, cariño y yo sé que si vos pudieras les darías eso y mucho más; pero en la vida  hay que pensar muy bien las cosas que uno decide hacer, porque luego todo se complica cuando nos dejamos guiar por nuestros impulsos. ¿Vos podés comprender esto?—Si, Dijo Emily acariciando a los gatitos y derramando unas lagrimitas. — Me parece bien Señora Directora, yo se que existen esos lugares y los he visitado y los cuidan, Señora le podemos poner nombres. — La Directora pensando en la sensibilidad de Emily, dijo. —  Claro Emily. — El rayado se llamará Nino, la de manchitas negras y blancas Popys,  y la blanquita Pili. . — Está bien Emily ya hemos llamado a la sociedad y vienen por ellos.
Vuelve a la clase. — Emily obediente volvió la  clase y seguía hablando con Jesús y le contaba ¡Cuánto los amaba a esos gatitos!; pero como Jesús siempre nos escucha estaba al lado de Emily.
Por un costado del aula había un pasillo y Emily vio a Don Valentín, un verdulero muy bueno, que tocaba el clarín, de a ratos, mientras atendía a los clientes que lo amaban mucho.
Pasado un breve tiempo, llegó el último recreo y la verdulería estaba al lado de la escuela, don Valentín vio a los gatitos y le pidió a la directora que le permitiera ponerlos en la cajita durante esos pocos minutos, los de la próxima clase y Mercedes aceptó.
Cuando Emily salió al recreo, fue a la  dirección y preguntó si ya los había retirado a los gatitos. La directora le contó lo ocurrido y Emily le pidió permiso para salir a verlos. — No, Emily. Cuando sales para tu casa podrás hacerlo.
. — La niña seguía hablando con Jesús, para poder obedecer a las personas mayores.
De pronto se abrió la puerta y Mercedes llamó a Emily con mucha ternura. Ella corrió y en la dirección estaba don Valentín contando a la portera como dos personas habían llevado a los gatitos a su hogar. Don Valentín estaba feliz porque ese día había sido muy útil a ese colegio, a los gatitos y a Emily.
. — ¡Gracias Jesús dijo la niña en voz alta!
. —Es hermoso obedecer y obedecer a los mayores.
. — Don Valentín, la miro con la ternura que miraba su nietita. —Mercedes felicitó a Emily.
Por su comportamiento y piedad por los que sufren y necesitan ayuda.
. —Señora, no es difícil, solo es obedecer a Jesús. Eso cuesta; pero si él nos ayuda todo sale como él quiere y esta vez quiso que fuera así.
. —Nucho, ya había llegado y estaba moviendo su rabo y esperando a su amiga inseparable y así regresaron por ese camino bordeado de flores y árboles frondosos, por donde traspasaban los rayos del sol del medio día.
“Enseña al niño a seguir fielmente su camino
Y aunque llegue a anciano no se apartará de él”. Proverbios 22:6
















Autora Mirta Barolo.
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